Gracias por estar aquí (¿de nuevo?)

¿Como decir que esto simplemente es el blog de la futura gobernante del planeta? Y ahora os preguntaréis, ¿pero que dice...? Pues eso, que soy la reina de los patos (y las rubias pero no se lo digáis a mis queridos patos o se rebelarán. Sólo saben que soy un poco marmota). Soy una pequeña pato (bastante muy friki, todo sea dicho) que os revelará sus puntos de vista sobre diversos temas, y bueno, anécdotas que no tienen precio... En resumen, la enana ésta os dejará un montón de chorradas que tenéis que leer, ¿si?

Y para los que habéis entrado aquí buscando una receta de Pato Pekín no os preocupéis, que esta a continuación. *guiño guiño*

Tratad de disfrutar y olvidaros de vuestros problemas mientras estáis aquí... ¡No os cortéis!

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jueves, 4 de septiembre de 2014

El Diario de Ana Frank

RESUMEN: 

Ana Frank (Anne Frank) era una chica judía un tanto infantil, muy risueña y despreocupada, pero todo se complica cuando su hermana Margot recibe una citación nazi. Entonces sus padres deciden que la familia debe pasar a la clandestinidad. Otto y Edith Frank, padres de Ana y Margot, ya lo tenían todo planeado. Vivirían en la parte más alta del edificio de oficinas de su padre, en un pequeño espacio escondido cuya puerta de acceso se disimula tras una estantería secreta. 

Johannes Kleiman, Víctor Kugler, Miep Gies, Bep Voskuijl, Jan Gies, (esposo de Miep), y Johannes Voskuijl, jefe de almacén y padre de Bep, les ayudarían a sobrevivir.

Poco después se les une la familia Van Damm (Van Pels), formada por el señor y la señora Van Damm y su hijo Peter. Sin embargo, tras muchas charlas, las dos familias deciden traer a otro judío al refugio para que se proteja, así que finalmente llega Fritz Pfeffer.

Durante esos dos años que pasa en la Casa de Atrás, Ana madura debido a la dura situación y la convivencia forzada. Vive cosas que nunca se habría llegado a imaginar.

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A principios de Agosto empecé a leer este libro por dos motivos: el primero, siempre me había llamado la atención, y el segundo, por fin podría ir a pasar unos días a los Países Bajos (Holanda) y vistaría Amsterdam, donde transcurre la historia de Ana y se encuentra el actual museo de la Casa de Atrás. Quería verlo, pero sabiendo plenamente la historia que escondían esas paredes.

Así que os explicaré como pueda, todo lo que pensaba y sentía mientras lo leía por las noches, normalmente antes de ir a dormir.

La primera vez que cogí el libro estuve leyendo casi hasta las tres de la mañana, sin darme cuenta, pero cuando lo dejé a un lado para ponerme a descansar, ya no pude. La cara de Ana y sus temores me venían a la mente continuamente, y sin poder evitarlo conectaba esa idea con los campos de concentración nazis, como Auschwitz. Finalmente ya llena de rabia por no poder hacer nada por el pasado, me moría de la pena de pensar que ahora había más gente sufriendo,como lo hicieron una vez los judíos, pero ahora en Korea del Norte a manos de Kim Jong-Un. O en Palestina, a manos de los propios judíos que parecen haber olvidado lo que una vez sufrieron ellos.


El segundo día de lectura ya no me pude separar del libro, pero como no tuve tiempo de leer durante el día, empecé a pensar en lo ya leído. Recordaba perfectamente alguna frase que me hizo estremecerme. Había una que venía a decir que cuando ella fuera madre les daría a sus hijos los libros que acababa de leer y que le parecían tan geniales. La idea me parecía tan bonita, y con la misma ilusión por el futuro como la que podríamos haber tenido cualquiera de los que ahora mismo tenemos su edad. Pensar que Ana murió en un campo de concentración junto a su hermana sin poder llegar a cumplir lo que ella quería, me hizo ponerme en su lugar mucho más que anteriormente.

Nunca sabemos lo que nos puede ocurrir mañana pero nadie debería haber sufrido así solo por creer en algo diferente, a nadie se le debería negar su futuro, sea cual sea el motivo.
Esa misma noche cuando pude continuar leyendo, llegué a otra conclusión. Al no haber vivido nada así, por muy doloroso que me pareciera, no podía llegar a sentir nada como lo hizo ella o otras personas que sufrieron lo mismo.

Lamentablemente cuando lo leía y me esforzaba en comprender, lo leía como una historia más, como si no fuera real, como si Ana no hubiera existido. Igual que le ocurre a la gente cuando escucha en las noticias que ha habido tal número de muertos en tal lugar, y es que cuando dicen una cifra la gente ya no piensa en las personas, sino que pasa a ser una noticia, una cifra... No nos llegamos a plantear la realidad de la situación. De algún modo, nos hemos vuelto insensibles.

Supongo que no soy la única a la que le ocurre.

Pasaron un par de días más y mientras leía podía ver como la confianza da asco. Con el tiempo las personas se dejan llevar y sus defectos salen a la luz y normalmente eso hace que las diferentes formas de ser de las personas choquen y se creen tensiones. Ana eso no sabía llevarlo demasiado bien, y es normal. Cuando se es un adolescente nadie sabe llevarlo demasiado bien, incluso algunos adultos son incapaces de sobrellevarlo, y ella a medida que avanzaban los días, demuestra ser mucho más madura que algunos de los integrantes de la Casa de atrás.

Otra cosa que me impactó fue que Ana identificaba a todos los judíos con una de sus mejores amigas, Hanneli. Ana lamentaba continuamente lo que podía haberle ocurrido a ella y a todos los que habían corrido su misma suerte y rezaba cada día para que sobreviviera. Sentía que a ella le podría haber ocurrido lo mismo que a su amiga y que había tenido simple suerte. Que la vida no era justa, porque su amiga era como ella y a Hanneli solo le esperaba un destino fatal.

Yo también creí haber tenido suerte porque, ¿y si todo eso hubiera ocurrido ahora y yo tuviera que sufrir lo mismo que Ana?

Los siguientes días de lectura, los pasé en el coche, yendo hacía Holanda. Y cada vez me identificaba más con Ana y su forma de pensar. Ella también quería ser escritora, igual que yo y quería estudiar periodismo para convertirse en una mujer independiente que dejara huella en el mundo. 

Poco a poco también iba explicando mejor la situación política general y cómo avanzaban las cosas a mejor entre los habitantes de la casa, con lo que podías hacerte a la idea del estado de ánimo de todos. Y es que en la Casa de Atrás, todos los movimientos militares que se llevaban a cabo era equivalente al humor que tenían sus habitantes. Si había algún indicio de que su salvación era más cercana, eran optimistas y estaban lo más alegres posible, pero si algo indicaba que su situación se iba a alargar durante más tiempo, se volvían pesimistas, desagradables y más “insufribles”, por decirlo de algún modo.

Finalmente mi familia y yo llegamos a la casa que habíamos alquilado en Ijsselsstein, cerca de Utrecht, y allí terminé el libro. Lo último que escribió Ana explicaba que, aunque siempre se comportase haciendo bromas, el payaso o coqueteando, también tenía un lado sensible que nunca mostraba a nadie por mucho que le habría gustado hacerlo. Sus problemas con Peter aumentaban, ya que últimamente se apoyaba completamente en ella y Ana no podía hacerse cargo de una responsabilidad tan enorme.

Ahí termina el diario. Cuando leí la última página no me lo podía creer. No pude evitar que me saltaran unas lágrimas.

Lo siguiente era el epílogo, donde se explicaba qué pasó con cada uno de los habitantes de la Casa de Atrás.

Nadie sobrevivió excepto el padre de Ana, Otto Frank. Cuando volvió a Amsterdam, tras estar en un campo de concentración nazi alejado de su familia, fue informado de la muerte de su mujer y sus hijas. Fueron separadas y enviadas a distintos campos de concentración. 

Primero murió Edith Frank en Alemania. Tiempo después, tras resistir durante meses, Margot se contagió de tifus, al igual que Ana y miles más de judíos, por las malas condiciones en las que vivían.

Margot murió a causa de la enfermedad y Ana la siguió una semana después, a tan solo tres meses de cumplir los dieciséis años. Unos días después todos los prisioneros de los nazis que quedaban fueron liberados.

Los cuerpos de Ana y Margot aún no han sido encontrados, pero se sabe que se encuentran en alguna de las fosas comunes de Bergen-Belsen.

Por otro lado, Peter murió de inanición tres días antes de que la armada inglesa entrara en su campo de concentración y los liberaran a todos.

Entonces, cuando Otto ya era consciente de la soledad en la que se encontraba, las protectoras de los Frank le entregaron el legado de Ana, su diario. Lo habían guardado con cuidado, pensando que se lo podrían devolver a ella algún día, pero eso ya jamás ocurriría. Después de leerlo, Otto decidió dedicar su vida, igual que sus protectores, a dar a conocer el Diario de Ana Frank , como ella explicaba a través de su diario, para que el mundo recibiera el mensaje que su hija quiso transmitir.



Aunque no haya podido explicarlo todo en su plenitud, este libro me ha marcado y enseñado cosas que no voy a olvidar. Personalmente recomiendo que lo leáis.

Un par de días después tuve la oportunidad de visitar su casa. Estaba vacía a petición de Otto Frank, que quería que la casa se mantuviera tal y como la dejaron las fuerzas nazis, completamente desnuda. El vacío representaba a los judíos que fueron detenidos en los Países Bajos y nunca volvieron.

Ver el lugar donde Ana había vivido sus últimos días me hizo sentir un respeto increíble por esa casa. Un sentimiento completo de empatía al recordar una frase de Otto Frank: “un padre nunca debería sobrevivir a sus hijos”. 

Ahora ya podría contestar a una pregunta que me hizo hace tiempo un amigo: "¿Si pudieras hablar con alguien, sea quien sea, esté muerto o vivo, sea famoso o no, quién sería?".


Sería Ana Frank.


Lex Larsson

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